Mis investigaciones en el Archivo de la Catedral de Sevilla sembraron la semilla de la bibliofilia. Los documentos que pasaban por mis manos no sólo me mostraban un contenido que me transportaban a otra época, sino que también me mostraban elementos más formales como el tipo de soporte, las marcas de agua, el tipo de impresión y letra, los documentos olían de diferente forma. Por mis manos pasaban documentos únicos e impresos cuyo valor, entre otras cosas, era inversamente proporcional al número de ejemplares conservados.

Hace unos años, en un mecadillo, compré un libro de canto gregoriano de comienzos del siglo XVII. Después de unos días en los que me había regodeado en él, pude darme cuenta de que en realidad era el libro el que había adquirido un nuevo dueño, y que con un poco de cuidado yo no sería el último. Sentí que se había conservado durante 400 años sorteando los avatares de la historia y que sin ser demasiado consciente de ello lo que había comprado era la responsabilidad de conservarlo.

   Desde entonces, siempre que puedo, voy comprando esas responsabilidades. A continuación muestro los más significativos.

Officium Hebdomadae Sanctae cum psalmis et lectionibus. Ex typographia Regia. Tomás Iunti. Madrid, 1616.

Officium Hebdomadae Sanctae. Hermolao Pisani III, 1755.

Regla del Coro y Cabildo de la S. Iglesia Patriarchal de Sevilla. Sevilla, 1760

Ave Maria Promptuario de ceremonias y rubras según el Breviario novissimo. Siete Revueltas, Sevilla, 1743.